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lunes, 27 de noviembre de 2017

23- Villanueva de Odra (Arquitectura tradicional del adobe)

Blog "Ataxia y atáxicos".
Por Miguel-A. Cibrián), paciente de Ataxia de Friedreich.

Para acceder al índice de artículos del serial historiador sobre Villanueva de Odra, pinchar en: http://ataxia-y-ataxicos.blogspot.com.es/2017/12/indice-del-serial-historiador-sobre.html

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Notas previas: "Villanueva de Odra es la población rural donde nací, en el año 1954... y, salvo los cursos que estuve en internados durante mi época de estudiante, he vivido hasta mis 61 años. Actualmente, resido en la ciudad de Burgos".

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Vamos a posponer el orden cronológico que veníamos siguiendo en los relatos de este serial historiador sobre Villanueva de Odra, para entrar en cuestiones puramente tradicionales: No veo conveniente, por ejemplo, tratar de la llegada de los tractores a nuestro pueblo, antes de describir la agricultura tradicional llevada a cabo con tracción animal, que ya tenemos olvidada, como si nunca hubiera existido... Es cierto que ambas cosas, tractores y yuntas, forman parte de la historia del pueblo... pero hay un antes, y un después... Poco a poco, a ambas cosas llegaremos... Por cierto, en este asunto concreto, estoy preparando un artículo fotográfico sobre las viviendas actuales.... No obstante, carecería de sentido que mostrara tales casas modernas, antes de plasmar mi artículo sobre la arquitectura tradicional con adobe...

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Las casas hasta hace muy poco (digamos antes 1960) no eran todas iguales, pero variaban más en función del espacio y distribución, que en la forma de construcción: Todas estaban formadas por un entramado de madera de olmo o roble. Las paredes eran de adobe, a la vista... o con trulla (capa de barro). El tejado era de tejas acanaladas, con una o dos chimeneas para salida de los humos. Las ventanas eran pequeñas y enrejadas. Y la puerta de madera... de cerradura por fuera y cerrojo por dentro (parecía un anti-asalto)... No todas las casas tenían corral, solamente las más amplias. Cuando lo había, normalmente para entrar en este cercado con tapia de adobe o piedra, se disponía de una puerta grande para introducir el carro (portonera) con tejadillo para resguardarla de la lluvia.

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Casa de adobe en Villanueva de Odra... Foto del año 2009... autor Rafael Alonso Motta

No ha sido fácil hallar una imagen ilustrativa de esta arquitectura tradicional, imperante hasta mediada la década de 1960... Por supuesto estas casas de adobe, que por cierto, es un buen material de construcción, a prueba de frío y de calor, siguen existiendo en Villanueva, pero totalmente recubiertas... es imposible ver el adobe... El cual dejó de usarse como material de construcción, porque, a pesar de ser gratis, requería una elaboración muy laboriosa. Los tiempos estaban cambiando: ahora, por el encarecimiento de la mano de obra, ya sería lo contrario...

Esta pieza de barro crudo, el adobe) es un material poco duradero si se deja remojar, por ello exige cuidar bien la techumbre. Tampoco sería posible hacer de adobe un edificio de más de dos plantas, por su enorme peso en comparación con otros materiales hoy utilizados... Muy cerca, en Melgar de Fernamental, había una cerámica, que elaboraba y vendía ladrillos.

Esta fotografía elegida para ilustrar el artículo data del año 2009 (en la actualidad este edificio ya no existe). En la foto esta casa se la aprecia aún bastante conservada, puesto que yo, que nací en 1954, nunca la he conocido habitada. Si bien, sí sé quiénes han sido los propietarios.

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Volviendo atrás, el labrador todos los años pasaba unos días haciendo adobes, bien para construir o mejorar la casa, o para los edificios complementarios del corral. En ocasiones se ayudaban unos vecinos a otros... y también las mujeres solían participar en este ilusionante y duro trabajo: a veces, determinado matrimonio estaban planeando construir la casa de sus sueños.

En todas las poblaciones había un lugar para hacer adobes de donde extraían la tierra, una vez hueca y amontonada, hacían un hoyo amplio en el centro del montón. Seguidamente, llenaban esta cavidad de agua y añadían, cuando y cuanta, fuera necesaria, para que se remojara. El transporte del líquido, si estaba lejos el manantial o la corriente, lo hacían con el carro y una o unas cubas... Ya remojada la tierra, para hacer barro añadían paja de trillo y lo amasaban todo junto, calzándose unas botas de goma hasta la rodilla o, en su ausencia, con los pies descalzos... La masa resultante y en su punto, la echaban en la macal (adobera), un cajón sin base que solía ser doble para hacer dos piezas a la vez. En el molde, oprimían la masa cuidando que arrimase bien a las orillas, para dejar el adobe compacto y con unas aristas perfectas... Y ya podían quitar inmediatamente la macal y lavarla para hacer seguidamente otras piezas... El secado al sol y al aire, y un posterior almacenado de canto, eran los últimos pasos en la elaboración de este material de construcción.

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Dentro de la vivienda, si ésta era espaciosa, la cuadra era la sala mayor: Contaba con espacio para los animales (se describirán en siguientes capítulos), si no tenía corral. Además, por añadido, había otro espacio para habitar las personas, llamado corro, lugar preferido en invierno por los chavales, porque allí podían moverse a sus anchas, y el calor lo proporcionaban los animales... Hoy lo llamarían insano... pero nadie se murió por eso.

La estufa (gloria), era la pieza más lucida de la casa, aún hoy es imprescindible para sobrellevar los rigores invernales. Era completamente hueca, o de un solo cañón, con salida para el humo por la chimenea... y se atizaba por debajo, con leña, o con paja. Los romanos ya utilizaron este sistema de calefacción por conductos subterráneos con el nombre de hipocausto. Si bien la gente nacida en las ciudades lo mira con curiosidad y extrañeza. Lo cual tiene su gracia, porque para nosotros es fundamental para combatir los fríos invernales castellanos.

La cocina era la estancia más importante, de paredes blanqueadas con cal y vigas a la vista como toda la casa, pero su techo estaba negro por el resquemo y por el humo, accidental unas veces, adrede otras, como el provocado para la cura de chorizos. La parte principal de la cocina era el fogón para hacer las comidas, con salida a una chimenea para aliviar los humos, sobre una poyata (fraile), y debajo, una oquedad servía de pequeña leñera... Sin embargo, algunas casas tenían el fogón a ras del suelo y sobre él un espacio, a veces amplio, para aprovechar allí el calor de la lumbre, conociéndolo con el nombre de trébede.

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Cocina de mi abuela, Rufina Muñoz (1897-1997)... Foto de Miguel-A. Cibrián

Esta foto es la cocina de mi abuela paterna, aunque cuando hice la fotografía, ya no estaba en uso. Bueno... en la casa tenían dos salas de cocina... Lo explicó: Mi abuela (1897-1997), no quiso adaptarse a las modernas cocinas de butano, y pidió que a ella no le reformaran su cocina... Ahora queda casi como un museo... con todos los utensilios en su sitio... tal y como lo tenía ella:

Mi abuela paterna: Rufina Muñoz (1987-1997)... Foto de Lourdes Cibrián

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Y volvemos a los animales en casa, o en el corral (si le hubiera):

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El perro:

Se ha dicho que el perro es el mejor amigo del hombre, así lo entendían los agricultores. Muy pocas casas hubiéramos encontrado en el tiempo que tratamos, sin un perro/a, grande o pequeño. En algunas ocasiones, tenían una misión clara como la de los perros de los pastores: ayudar en el pastoreo del ganado. Otras, servían para todo: compañía, guardianes, caza, etc.

Los perros para su dueño, tenían nombre propio. Sin embargo, distinguir la raza de éstos, ya era más difícil: Debido a estar siempre sueltos, con libertad para la copulación, con frecuencia, estaban tan cruzados que la única especie aplicable hubiera sido la de raza canina.

Un día salió una ley para proteger la caza, que prohibía llevar perros sueltos al campo, y cambió por completo la relación entre este animal y el labrador.

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Gatos

Generalmente, a los gatos no se les concedía la misma intimidad de la que gozaban los perros. Por ello, no tenían nombres propios, llamándolos por su sexo, color, o cualquier otra característica... La tarea de estos felinos estaba clara: cazar a los ratones, roedores de gran fecundidad, perjudiciales por su voracidad que hallaban en nuestras casas facilidades para su existencia: Los ratones encontraban comida abundante y cercana en los graneros... y posibilidades de hacer sus madrigueras, sin demasiada dificultad, en las paredes de adobe. ¡Una auténtica plaga!.

El gato disponía de una entrada en casa por la gatera. La gata hembra, sobre todo cuando tenía crías, era más cazadora que el macho. Aparte de alimentarse con los ratones cazados, habitualmente también recibían una ayuda alimenticia.

Al igual que los perros, los gatos estaban sueltos y, por tanto, libres de realizar la copulación sin que existieran castraciones ni esterilizaciones. Por lo que en ambos casos era necesario eliminar gran parte de las camadas de las dos especies. Lo cual, entonces estaba visto con completa normalidad. Hoy, al respecto de esto, algunos pondrían el grito en el cielo, acusando a las generaciones pasadas poco menos que de asesinos... Así era la vida... ni perros, ni gatos eran entendidos en Villanueva de Odra como mascotas.

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Conejos:

El conejo es un mamífero roedor apreciado por su carne y capaz de multiplicarse con gran rapidez. Una coneja puede dar al año sesenta crías o más, el tiempo de gestación es solamente de un mes, y los gazapos a su vez, son capaces de procrear a una edad muy precoz.

Por aquel entonces, la alimentación del los conejos era de bajo costo... además de nutrirse con grano, se sustentaban con cualquier hierba verde, a veces las que quitaban al escardar los cultivos: amapoles, vallicos, etc... hasta comían las hojas y la corteza de las ramas de chopo.

La cría del conejo, al no estar extendido el uso de las jaulas conejeras, se hacía en un departamento común, padre semental, madre, o madres, y gazapos, todos juntos. Unos tableros inclinados contra la pared servían de madrigueras.

Aproximadamente hacia 1954 se introdujo en España una terrible y exterminadora enfermedad que afectaba a los conejos: la mixomatosis. Se dice que tal enfermedad vírica fue creada adrede en Australia, para controlar la población de conejos campestres... Esta plaga no era conocida por su nombre técnico, sino por "mal de los ojos", caracterizado por la hinchazón de esos órganos y después.... la muerte... Se desinfectaba el local con cal viva, un día en el mercado compraban nuevos conejos... y a volver a empezar otra vez la recría... Lo curioso del caso es que los pocos conejos que sobrevivían a la plaga, quedaban inmunes.

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Gallinas y pollos:

A pesar de decirse que la gallina es un ave de corral, en aquel tiempo era fácil encontrarla en cualquier calle, incluida la plaza. No todas las casas poseían esta pieza tapiada, entonces las gallinas disponían de un lugar en la cuadra y una entrada, incluso con la puerta cerrada, por el "albañar", para poder entrar o salir cuando quisieran. Cuando las gallinas estaban libres por las calles, les ponían una "calcilla" en una de sus patas, un distintivo de color para indicar su propietario, porque a veces se extraviaban.

Este ave gallinácea era apreciada por los huevos, pero, además, era también una excelente reproductora, fecundada por el gallo y había uno de gran cresta y lustroso plumaje en todos los grupos de gallinas... encluecaba, e incubaba una nidada de aproximadamente una docena de huevos... Pasados 21 días, nacían los pollitos rompían el cascarón... La gallina cuecla además era muy buena madre, cobijaba a la pollada bajo sus alas y se mostraba agresiva con quienes considerase una amenaza para los polluelos.

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De yuntas, ovejas, y cerdos, trataremos en otros capítulos.

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Ahora pego uno de mis escritos (finales de la década de 1990) relacionado con el presente tema: Cuando era tan pequeño como una gallina:

Mi fotografía del año 1956: (Miguel-A. Cibrián)
Yo no recuerdo muy bien este hecho, porque la memoria en los primeros años de la infancia parece estar diluida y no suele ser recuperable con nitidez. No obstante, recuerdo, apoyado por comentarios familiares, que hice un milagro a los dos o tres años de edad. De verdad. En serio. Lo contaré. A quienes conocen un poco el ambiente rural de los años cincuenta, les resultará fácil entender el relato. Quienes desconocen las costumbres y la forma de vivir de las familias campesinas de aquellos tiempos, habrán de prestar más atención a mis descripciones detallando la situación.

Nací en una población agrícola donde la principal actividad era el cultivo de cereales y leguminosas. En tiempos de la recogida de la cosecha del cereal, mi madre comenzaba la jornada a las tres de la mañana para el acarreo (transporte en carro tirado por vacas o mulas) de las nías a la era. Habían de madrugar para preparar la trilla, la cual, obviamente, se realizaba en las horas con sol. Mientras mi madre iba al acarreo, a mi hermana, un año menor que yo, y a mí nos dejaba cerrados en casa hasta su regreso a las 9 o a las 10 de la mañana. Por supuesto en mi familia no teníamos niñera, y mi abuela había de dedicarse a cuidar los animales, hacer los quesos y preparar el almuerzo para cuando volviera del trabajo el resto de la familia. Yo era el encargado de cuidar a mi hermana: Algo así como ponerle el chupete si lloraba, porque otra cosa no podía hacer a mi edad :-) .

Sin embargo, era un niño malo ;-) : descuidaba mis deberes y desertaba: Cogí la mala costumbre de colocar una silla junto a la ventana, abrirla, y salirme por entre el enrejado. Era una fuga premeditada, pues iba en casa de mi abuela, que vivía a pocos metros de nuestro domicilio, a tirarle de las faldas para que me diese un pedazo de pan para matar el gusanillo del hambre de mi estómago hasta que volviera mi madre del trabajo.

Mi abuelo, que era tan disciplinado como un militar plagado de medallas, a su vuelta siempre quería el almuerzo a punto sin esperar un sólo minuto. Y algún día, seguramente, mi abuela se quejó de que yo había ocupado una parte de su tiempo. Por eso, mi abuelo sentenció:
- A este niño le dejan cerrado para que cuide de su hermana, y allí debe estarse.

Y me clavó redes alámbricas en todas las ventanas de mi casa para que no me saliese.

Pero al día siguiente, con la sorpresa de una aparición, me presenté de nuevo en casa de mi abuela. Aquello era incomprensible. A la vuelta del campo, todos estaban perplejos y revisaban las ventanas... cerradas, las redes metálicas... intactas, las puertas... cerradas con llave. Mi parloteo no era muy bueno, porque las preguntas eran inútiles. Por fin, me entendieron cuando señalé un agujero con el dedo: El albañal... Como en todas las casas de campo, también en la mía, junto a la puerta que daba paso al exterior existía un agujero para que entraran y salieran las gallinas estando la puerta cerrada. Se supone que vi a las aves salir por allí, y decidí probar a ver si por aquel agujero pasaba mi delicado cuerpo de niño de dos años. Y pasó"
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